escritores peruanos

Biografía de Guillermo Niño de Guzmán

 

“Si tuviera que ponerme una etiqueta podría ser la de existencialista. Aunque los existencialistas me han parecido mejor como ensayistas que como creadores.”

Autocrítico, directo, realista por convicción, e idealista no declarado; Guillermo Niño de Guzmán es considerado uno de los cuentistas peruanos más importantes del siglo XXI.

Guillermo Arturo Niño de Guzmán Cortés nació en Lima (Perú), en 1955, y estudió en el colegio Santa Rosa de Lima de los Padres de Maryknoll en Lince. Al igual que muchos jóvenes de su edad, Niño disfrutaba de jugar fulbito con los chicos del barrio. Pero, a diferencia de éstos, su atracción por los libros lo llevó a estudiar Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú, de dónde se graduó con una tesis sobre Ernest Hemingway, escritor por quien siente una vasta admiración.

“Hemingway ha sido una suerte de cómplice para mí y un estímulo permanente porque logró conciliar dos opciones aparentemente opuestas: una vida de acción y una vida de artista. En mi caso, carezco del arrojo y de la vitalidad que lo caracterizaban, pero su lectura me ha ayudado a tratar de superar mis limitaciones y, sobre todo, a adoptar un código de valores personal. Asimismo, ha sido mi maestro en el arte de escribir.”

Dedicado al periodismo, luego de graduarse como literato, es a los 29 años cuando Niño de Guzmán publica su primer libro. Caballos de Media Noche fue publicado en 1984, y apadrinado con un auspicioso prólogo de Mario Vargas Llosa.

Es desde aquella época cuando se advierte el estilo realista y de personajes algo sombríos, melancólicos y, hasta cierto punto, pesimistas. Sin embargo, en este primer libro se logra percibir, además, la inquietud del autor por lo fantástico. Inquietud manifiesta, a plenitud, en su más reciente libro de relatos, Algo que nunca serás. Otra entrega que sorprende a literatos y lectores, no sólo por su relevancia literaria, sino por el tiempo prolongado que se hizo esperar. Pues, si bien muchos esperaban que con aquel apadrinamiento en Caballos de Media Noche aparecieran numerosas y frecuentes publicaciones del prometedor escritor, lo cierto es que no fue sino hasta una década más tarde cuando Niño de Guzmán publicara su segundo libro de cuentos. Fue con Una Mujer no Hace un Verano y la novela juvenil El Tesoro de los Sueños, que el autor reaparece.

Al respecto, el autor pronuncia: "La mayoría de amigos y lectores no parecen comprender que mis largos silencios narrativos no se deben a la ociosidad o a la falta de algo que decir. En realidad, asumo el trabajo literario como algo muy serio. Publicar por sólo mantenerme en el candelero me parece una estupidez. Lo único honesto que puede hacer un narrador es entregar algo a la imprenta sólo cuando se siente plenamente satisfecho de lo que ha hecho”. Y así lo ha venido haciendo.

Niño de Guzmán ha escrito guiones para cine y televisión, y ha tenido una amplia trayectoria editorial. Sin embargo, luego de las dos publicaciones en 1995, en su primera reaparición, llegaron —con tres años de diferencia entre sí—, La búsqueda del placer y Relámpagos sobre el agua, dos libros de ensayos producto de su amor por la literatura.

Con ese amor expreso, desde muy temprana edad, Niño de Guzmán se convierte en gran lector de novelas. Las aventurad de Tom Sawyer de Twain, fue una de sus primeras lecturas. Sus entrañables: Hemingway, Joyce, Kafka, Conrad y Stevenson. Dostoievski, Dickens o Balzac son clásicos interesantes para él. Y considera a Arguedas, Ribeyro, Vargas Llosa y Brice, el cuarteto imprescindible de la literatura peruana. Sin embargo, para Niño de Guzmán, son Onetti, Cortázar, Sábato y Carpentier los maestros insuperables de la literatura latinoamericana. Siendo Onetti —quien lo marcó por su mudo depresivo y escéptico— por quien, durante muchos años, sintió una gran fascinación.

También confiesa: “He puesto énfasis en la lectura de autores que antes me resultaban muy difíciles y herméticos, como Beckett, Blanchot o Klossowski. Antes no estaba preparado para comprenderlos. También leo con obstinación a Joseph Roth.”

Pero al autor de Algo que Nunca Serás, bibliófilo incorregible y de gustos eclécticos, no sólo le apasionan los libros de ficción. Su pasión lo lleva a adentrarse en biografías, memorias, ensayos, diarios, estudios sobre jazz y cine, tauromaquia... En fin, una lista extensa de temas y universos. No obstante, uno de ellos —paralelo a su devoción por la literatura— es la música. Puntualmente, el jazz. Charlie Parker y Chet Baker son sus jazzistas preferidos.

“Creo que El invierno en Lisboa es una de las mejores novelas sobre jazz que se han publicado jamás, quizá porque el autor es un profundo conocedor de esta música y tiene las dotes literarias para recrear la turbulencia y complejidad de un trompetista maldito como Chet Baker”.

Sin embargo, aunque es un gran lector de novelas y le gustaría poder escribirlas, lo que le atrae del cuento es la concisión y la capacidad de concentrar todo en un mundo en un instante. “Hay escritores que edifican casas e incluso grandes edificios, mientras que yo me conformo con construir una habitación. A veces, incluso, con sólo una ventana por donde poder mirar.”

Ventana que además, posiblemente, lo lleve a recordar a amigos cercanos como Ribeyro; a revivir anécdotas de su vida en Paris y España; o a cuestionarse sobre las experiencias vividas como periodista y corresponsal de guerra en Sarajevo, Bosnia (1994) y en el frente del río Cenepa (1995), durante el conflicto armado entre el Perú y Ecuador.

A donde quiera que lo lleve su complejo universo, Niño de Guzmán continuará escribiendo y sorprendiendo a lectores e intelectuales como lo hiciera al publicar Caballos de Media Noche o Algo que Nunca Serás; porque para este escritor existencialista, amante de la literatura y admirador de los poetas, “Lo vivido, nunca es suficiente.”

“He llegado a la conclusión de que escribo para derrotar, de algún modo, a la muerte.”

 

 
   
 

 


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